Con la llegada del verano, los bosques se llenan de aromas y sabores que, si se saben captar a tiempo, se pueden convertir en uno de los licores más emblemáticos de nuestra casa: la ratafía.

Hacer ratafía no es solo una receta, es una manera de vivir las estaciones, de escuchar la naturaleza y de transmitir conocimiento entre generaciones. Cada casa tiene su fórmula, y ninguna ratafía es igual a otra. Pero todas parten de un mismo espíritu: elaborar un licor aromático y equilibrado a partir de nueces verdes y un buen manojo de hierbas y especies.

El momento de empezar es el junio, por San Juan, cuando las nueces todavía son tiernas y se pueden cortar con facilidad. A estas nueces se añaden plantas como la menta, el tomillo, la hierba Luisa, la ajedrea, el romero, la manzanilla… y especies como la canela o el clavo. Cada familia escoge las que más le gustan, o las que crecen cerca.

Uno de los puntos clave de la elaboración es el alcohol, hay tres tipos principales que se pueden usar, y cada uno ofrece una experiencia diferente:

·    Aniset 24°–28°: aporta dulzura y aroma, y no hay que añadir azúcar. Ideal para principiante(e)s o para quien busca un resultado rápido y fácil.

·   Aguardiente de 40°–50°: muy utilizado en la ratafía tradicional. Hay que añadir azúcar y agua una vez acabada la maceración. Resultado equilibrado e intenso.

·     Aguardiente de 95°: más técnico. Se ha de rebajar con agua y endulzar después. Permite un gran control sobre el resultado final.

Todo ello se deja reposar durante cuarenta días al sol y la serena, removiendo de vez en cuando, y después se filtra y se deja afinar. ¿El resultado? Un licor único y lleno de matices, ideal para acompañar postres, frutos secos o una buena sobremesa.

En nuestra web encontrarás una selección de aguardientes y anisado ideales para hacer tu propia ratafía.

Y si no tienes tiempo de hacerla, pero quieres disfrutarla igualmente, también encontrarás una buena selección de ratafías artesanas, como la Ratafia de Magnolias, una expresión contemporánea de una tradición ancestral. Elaborada artesanalmente en Bellmunt del Priorat, combina el respeto por la receta clásica con la singularidad de los pétalos frescos de magnolia, recogidos a mano en el momento preciso de la floración. Esta flor efímera, junto con nueces verdes, flores silvestres y especies mediterráneas, confiere a la ratafía un carácter aromático inconfundible, fresco y floral, que homenajea tanto la tierra como la sabiduría popular que lo ha hecho posible.

Este verano, recupera el gusto por las cosas hechas despacio. Y si quieres, nosotros te ayudamos a empezar.

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